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EL
SALTADOR DE PÉRTIGA Corría
el año 1992, cuando un saltador de pértiga se preparaba para los juegos olímpicos
de Barcelona. Pero, cada vez que iba a saltar le entraba un vértigo tan
horrible que sudaba hasta los calcetines. Pensaba: “No voy a poder saltar”. Finalmente,
se le ocurrió una idea. Cerró los ojos y se imaginó que volaba por los aires.
Así descubrió que el vértigo se podía superar.
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